«Creo que tenemos que rezar por usted»
Villarruel participó de la mayor fiesta religiosa en Salta y el arzobispo le habló al poder legislativo
La vicepresidenta de la Nación acompañó al gobernador Sáenz en la procesión del Señor Milagro y la Virgen del Milagro. En la misa el arzobispo Mario Cargnello habló sobre el rol del Poder Legislativo, las leyes y el bien común en una jornada marcada también por su despedida de Salta.
La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, llegó a Salta cuando todavía no había terminado de amanecer. Pasadas las 7 de la mañana ya estaba en la ciudad para participar de la jornada central de la festividad religiosa del Señor y la Virgen del Milagro. A las 10 asistió a la misa estacional y por la tarde caminó junto al gobernador Gustavo Sáenz en la procesión.
La presencia de la vicepresidenta le dio un tono político particular a una celebración que volvió a reunir a las autoridades provinciales y nacionales con miles de fieles. Pero fue el arzobispo Mario Cargnello quien introdujo de manera directa la discusión institucional en la misa de la mañana, al dirigirse a Villarruel en su carácter de presidenta del Senado de la Nación.

Cargnello recordó un mensaje de Pío XII de 1943 sobre la democracia y el papel del Poder Legislativo. Señaló que aunque la Argentina tiene un sistema de gobierno presidencialista que concentra mayor poder en el Ejecutivo, “los legisladores marcan la cultura de un pueblo”. “A usted le toca dirigir y no es fácil”, le dijo.
A partir de allí, dejó planteada una definición sobre el sentido de la tarea parlamentaria, pues señaló que las leyes que buscan la dignidad de las personas y el bien común “humanizan”, mientras que aquellas que persiguen otros intereses y no promueven esos valores “deshumanizan”.
No fue una referencia abstracta. Villarruel estaba frente al altar, como máxima autoridad del Poder Legislativo. Cargnello le habló directamente de esa responsabilidad y terminó pidiendo oraciones por ella: “No es fácil, por eso creo que tenemos que rezar por usted,” dijo. Después, en nombre del pueblo salteño, Sáenz le entregó un poncho.

La vicepresidenta explicó su presencia desde la fe. Dijo que había venido porque quiere mucho a Salta y que respeta y promueve la fe y el amor a la patria. Sáenz coincidió en poner el acento en ese vínculo. Consultado por la presencia de Villarruel, sostuvo que es devota del Señor y de la Virgen del Milagro y que “quiere mucho a Salta”.
Villarruel volvió a aparecer en la escena central durante la procesión de la tarde, cuando caminó junto a Sáenz detrás de la imagen del Cristo redentor. La imagen terminó por condensar el carácter político-institucional de la jornada religiosa.
La última homilía de Cargnello
Para Cargnello, el Milagro de este año tuvo además un significado personal. El arzobispo dejará su cargo y esta celebración marcó su despedida de una conducción que durante años tuvo a esta fiesta religiosa como uno de sus principales escenarios públicos.
Tras la renovación del Pacto de Fidelidad, Cargnello fue despedido con un aplauso. No fue un detalle menor dentro de una ceremonia cargada de símbolos, ya que el reconocimiento de los presentes cerró una jornada que tuvo también el tono de una despedida.

Su homilía estuvo atravesada por una idea que excedió lo estrictamente religioso, como suele hacer, en la que remarcó la necesidad de recuperar la paz en una sociedad que describió como profundamente dividida. “Estamos divididos entre hermanos, en nuestras familias, en nuestros pueblos, en nuestro país, en el mundo”, planteó. Frente a esa fragmentación, sostuvo que la paz requiere recuperar el vínculo con el otro y asumir responsabilidades colectivas.
La crítica alcanzó también el modo en que se desarrolla la discusión pública. Cargnello sostuvo que la mentira destruye la confianza, enferma la vida familiar, corrompe la economía y la política y termina naturalizando la difamación y la calumnia.
Por eso pidió un lenguaje que no insulte, desprecie ni maltrate, y señaló que esa responsabilidad alcanza también a los medios de comunicación, las redes sociales y los dirigentes. “La agresión es signo de debilidad, no de fortaleza”, afirmó.
Vida, justicia y drogas
Cargnello organizó la homilía alrededor de tres tareas: promover un lenguaje de paz, recuperar la familia y trabajar por la justicia. En ese recorrido, el arzobispo defendió la vida desde la concepción hasta la muerte natural —durante la procesión se dieron referencias directas contra el aborto— y sostuvo que una sociedad debe ser capaz de proteger especialmente a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
También reclamó combatir la corrupción y dedicó una parte especialmente contundente al consumo de drogas y al narcotráfico. “El narcotráfico es genocida”, sostuvo y pidió decir “basta” frente al impacto que tiene sobre niños, jóvenes y familias.

En el cierre volvió sobre la paz y tomó a los peregrinos como ejemplo. Cargnello destacó la solidaridad que se genera durante el Milagro y la definió como una “manifestación de misericordia social”. Su pregunta fue por qué esa experiencia no puede sostenerse durante todo el año.
Menos peregrinos y una procesión menos multitudinaria
El Milagro 2026 dejó además una postal diferente de otros años. La llegada de peregrinos y la procesión mostraron una concurrencia visiblemente menor que en ediciones anteriores. Si bien no hay cifras oficiales de asistencia que permitan establecer una comparación numérica, la menor presencia de feligreses fue tema de conversación entre los presentes.

En ese contexto, el mensaje final de Cargnello sobre los peregrinos adquirió otro peso. Para el arzobispo, quienes llegan caminando desde distintos puntos no representan solamente una expresión de devoción, sino también una muestra de solidaridad y encuentro que la sociedad debería poder reproducir más allá de septiembre.
Fuente Pagina 12