Los sondeos muestran un escenario reñido entre Lula y Flavio Bolsonaro
Brasil: democracia o fascismo, esa es la cuestión
Si Lula conquistara un cuarto mandato, se fortalecería la institucionalidad democrática. El putsch perpetrado por el Congreso revela una alianza entre la ultraderecha y la derecha para beneficiar al hijo de Bolsonaro.
Desde Brasilia
Democracia o fascismo. Este es el dilema de fondo al cual se expone Brasil, que dentro de menos de seis meses tendrá unas elecciones probablemente muy disputadas.
Si Luiz Inácio Lula da Silva venciera, conquistando su cuarto mandato, se fortalecería la institucionalidad democrática, como sucedió en la actual gestión con el respaldo dado al juzgamiento de los golpistas de 2023, resistiendo el lobby por la impunidad del expresidente Jair Bolsonaro.
Pero la victoria del actual presidente, a quien las encuestas lo muestran cabeza a cabeza con Flavio Bolsonaro, hijo del exmandatario, podría dar lugar a un gobierno asediado por futuras revueltas de la extrema derecha.
La hipótesis de nuevas embestidas fascistas ganó verosimilitud el jueves pasado cuando el Congreso se alió a los ultras que intentaron derrocar y matar a Lula, reduciéndoles las condenas.
Además, se abrevió la progresión del régimen de prisión cerrado al semiabierto. Antes, Bolsonaro iba a recuperar la libertad parcial tras cumplir siete años de encierro. Gracias a los cambios, necesitará solo dos años y medio.
De tal suerte que a fines de 2027 podrá estar durante el día en la calle, haciendo política (es decir, conspirando), y regresar a las 20 horas a casa para el arresto nocturno.
Generales, almirantes y comisarios condenados por la asonada también fueron beneficiados por esta ley, que es poco menos que una amnistía encubierta, votada en un clima de revanchismo golpista.
La Ley de la Dosimetría, así se llama, tiene un efecto doble: premia a los golpistas y fija penas cortas para futuros insurgentes.
El joven Flavio
El putsch perpetrado por el Congreso no es menor. Revela una alianza de la ultraderecha y la derecha (respaldada por las oligarquías económica y mediática) para beneficiar la candidatura de Flavio Bolsonaro.
El joven senador, sin más mérito que el de heredar el caudal electoral de su padre Jair, quizá arrastrado por la euforia del jueves en el Legislativo, u obnubilado por su conocida vanidad, se apresuró a declarar que “el gobierno de Lula se acabó”.
En este Brasil marcado por los imponderables, el pronóstico de Flavio, compartido por más de un columnista del mainstream, es expresión de deseo antes que un diagnóstico riguroso. El gobierno salió afectado de este ataque, pero no se acabó, y lo más relevante: Lula está lejos de ser un muerto político.
Otras batallas
Desde el entorno del presidente aceptan lo delicado de una coyuntura en que la oposición parece estar resuelta al todo o nada.
Pero recuerdan otras situaciones en las que el experimentado jefe del Partido de los Trabajadores fue colocado ante las cuerdas y logró rehacerse.
En las elecciones de 1989, sus rivales de entonces, al frente de los cuales estaba el candidato Fernando Collor de Mello, hijo político de la TV Globo, sobornaron a la exmujer de Lula para que mienta sobre un intento de aborto.
Años más tarde se confirmó que la excompañera de Lula recibió un departamento para que invente lo del aborto y Collor tuvo que renunciar a la presidencia por varios escándalos de corrupción, mientras el extornero mecánico se preparaba para una nueva disputa electoral, esta vez frente a Fernando Henrique Cardoso.
Las dos derrotas ante Cardoso, en 1994 y 1998, volvieron a alimentar análisis catastrofistas sobre el fin de su carrera. Lo que fue un vaticinio incumplido.
El jefe petista volvió al ring en 2002, disputó por cuarta vez las elecciones y ganó. En 2006 sería reelecto.
Su última “resurrección” llegaría en las elecciones por él vencidas en 2022 frente al presidente en funciones Jair Bolsonaro.
Antes de llegar a esos comicios, sufrió casi dos años de cárcel, en un proceso irregular, finalmente anulado por la Corte, que le impidió postularse en 2018, cuando las encuestas lo daban como seguro ganador.
El juez responsable de aquella condena manipulada era Sergio Moro, actual senador bolsonarista. Moro (que en su hora también creyó que Lula nunca volvería a la política) fue uno de los legisladores que la semana pasada hizo parte del blitzkrieg (guerra relámpago) para perjudicar al actual gobierno y garantizar la impunidad a Bolsonaro.
Lula reacciona
Desde la residencia oficial de Alvorada, junto al manso lago Paranoá, en Brasilia, Lula respondió a la ofensiva del Legislativo. Pocas horas después de la votación a favor de los golpistas, fue al aire un discurso del presidente transmitido en cadena nacional de radio y televisión.
Se presentó ante cámaras con un sombrero tipo Panamá, camisa celeste sin corbata y blazer azul de buena caída. Habló sin exaltarse, por momentos sonriente, contrastando con las prepotentes declaraciones de su rival Flavio Bolsonaro. El candidato de la extrema derecha a veces no sigue la orientación de sus marquetineros, que le recomiendan comportarse como si fuera un demócrata educado y simular ser menos brutal que su padre.
El presidente criticó a sus adversarios, cuestionó la mezquindad de la “élite brasileña” y a las clases acostumbradas a vivir en “los pisos altos” del edificio social a costillas de los de abajo. Se solidarizó con los humildes y aseguró que el “gobierno brasileño está y continuará estando del lado del pueblo” a pesar de los cimbronazos.
En el mismo discurso, pronunciado en vísperas del Día del Trabajador, anunció un plan de alivio para millones de brasileños endeudados y se comprometió a agilizar la reducción de la jornada de trabajo en el Congreso. Este proyecto lulista genera un fuerte rechazo en Flavio y Jair Bolsonaro, fervientes defensores de la (contra)reforma laboral de 2017, la cual eliminó múltiples derechos y asfixió financieramente a los sindicatos.
Mientras la alocución grabada iba al aire, el jefe de Estado mantenía consultas con ministros y dejaba trascender su disposición a mantenerse en la trinchera, decidido a dar pelea contra la mitigación de las penas a los sediciosos.
Y también frente al ataque parlamentario ocurrido el miércoles, cuando fue rechazado el nombre del Abogado General de la Unión, Jorge Messias, propuesto por el mandatario para ser juez de la Corte. Otra votación con tufo a insurgencia ultra que busca debilitar la actual administración y usar toda la munición a su alcance para impedir un cuarto mandato lulista.
¿Shakira lulista?
Algunas de las banderas propuestas por Lula en su discurso en cadena nacional fueron retomadas este sábado durante el show de la cantante colombiana Shakira ante unos 2 millones de personas reunidas en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro.
Parte de la multitud cantó consignas favorables y aplaudió cuando sobre el frente del hotel Copacabana Palace fueron proyectadas consignas a favor de las propuestas de Lula.
Entre ellas se mencionó, en las paredes del hotel junto a la playa, la anulación del actual régimen laboral de seis días de servicio por uno de descanso, conocido como “6 x 1”, y su reemplazo por el esquema “5 x 1”, que reduce la jornada y garantiza dos días libres.
La pelea en favor del fin del “6×1” será una de las armas más potentes del mandatario para atacar a sus enemigos, y por lo que se vio el sábado en Río, es un arma de fuerte impacto en el público.
“Libertad, libertad”
Volvamos a la sesión conjunta del Senado y Diputados del jueves pasado, reveladora del ambiente que campea en una oposición que parece embarcada en una deriva neofascista.
La tropa de choque de legisladores ortodoxamente bolsonaristas conmemoró eufórica la reducción de la pena de su jefe al grito de “libertad, libertad” en el Plenario del Congreso.
Allí estaba el pastor Sóstenes Cavalcante, presidente del bloque del partido bolsonarista, el Partido Liberal, religioso perteneciente a una corriente neopentecostal ligada al sionismo evangélico de Estados Unidos, a donde viaja con frecuencia.
“Olé, olé, olé, vamos a la calle para derrocar al PT”, fue otra consigna cantada por el grupo parlamentario, saltando con la energía de una hinchada de fútbol, que por momentos parecían hooligans extremistas.
La votación fue clara. 367 legisladores por el acortamiento de la prisión contra 168 defensores del cumplimiento de la pena emitida por el Supremo, en sentencia firme, luego de haber hecho lugar a los recursos de la defensa.
En la lista de congresistas a favor de la pronta libertad está el comisario Paulo Bilynskyj, recibido el año pasado por un emisario de Donald Trump para discutir futuras acciones conjuntas contra el narcoterrorismo, siguiendo el modelo operativo aplicado en Venezuela, si el bolsonarismo retorna al poder en los comicios de octubre.
El corpulento Bilynsyj no deja pasar oportunidad para hablar de sus ancestros nacidos en Ucrania, con elogios por la participación de estos en unidades filonazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Otro de los que están a favor del “fin de la persecución” de Bolsonaro es el general Girão. De su desempeño como legislador se recuerda el discurso pronunciado en marzo de 2024, conmemorando los 60 años del golpe de Estado contra el presidente constitucional João Goulart. En lugar de hablar de golpe, el general-diputado utilizó la expresión “revolución de 1964 contra el comunismo”.
Golpe continuado
Tres legisladores petistas, Gleisi Hoffmann, Lindbergh Farias y Pedro Uczai, presidente de la bancada, fueron categóricos al explicar lo ocurrido el jueves. Para ellos la sesión se entronca con una estrategia de largo aliento, la del “golpe continuado”, iniciada con el juicio político que derrocó a Dilma Rousseff hace una década, cuando la voz cantante la tuvo el diputado Jair Bolsonaro.
Aquel 17 de abril de 2016, el diputado y excapitán fue aclamado en el mismo recinto donde ocurrió la sesión de la semana pasada cuando dijo que dedicaba el impeachment al coronel Carlos Brilhante Ustra, el más emblemático represor de la dictadura.
Jair Bolsonaro fue y es un excégeta de la dictadura, a la cual solo le criticó el hecho de “no haber matado 30 mil” opositores. Declaración de la que nunca se retractó a cabalidad.
Otras maniobras golpistas ocurrieron en los años subsiguientes a 2017, afirman los diputados del PT. Estos legisladores sostienen que ese in crescendo tuvo su punto más alto en el alzamiento de enero de 2023 para derribar a Lula, una semana después de su toma de posesión.
De acuerdo con el diputado Farias, tras la votación del jueves pasado en el Congreso, la oposición planea montarse sobre la casi amnistía dada a los neogolpistas para avanzar en su plan desestabilizador y sembrar un clima de caos durante las elecciones. Apostando por el apoyo que esperan recibir de Donald Trump.
La desestabilización continuaría en un eventual cuarto mandato de Lula. Ahora bien, si la ultraderecha vence en los comicios de octubre, quien llegará al Planalto será Flavio Bolsonaro, pero el que mandará será Jair Bolsonaro. Y la ambición del expresidente es eternizarse en el poder.
Para ello podría cambiar la composición de la Corte (así lo confesó en su entorno), intimidar a la oposición y valerse de medidas de excepción, de tinte fascista.
Fuente Pagina 12