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El vaciamiento silencioso del INTA

El Colorado pierde once técnicos y científicos en un «retiro» forzado por la asfixia estatal

Un silencio pesado y gris recorre por estos días las oficinas y los campos experimentales de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) INTA El Colorado. No es un silencio de calma; es el eco de la impotencia. Tras el cierre del proceso de «retiro voluntario» promovido por el Gobierno de Javier Milei, once trabajadores y trabajadoras de la institución colgaron sus pecheras y se despidieron de sus puestos. No eran números en una planilla; eran científicos, extensionistas, técnicos y personal de apoyo altamente formados que el Estado argentino pierde de manera irreversible.

Esta sangría de capacidades técnicas afecta de forma directa el corazón productivo de la región: la zona centro-oriental de Formosa y el departamento Libertador General San Martín en Chaco se quedan sin los profesionales que, día a día, garantizaban la transferencia de tecnología y el sostén de las familias de pequeños y medianos productores agropecuarios.

La modalidad de este ajuste no solo desnudó la insensibilidad social del modelo de “motosierra”, sino también un profundo desprecio por la institucionalidad y los mandos medios del INTA, ya que los directores de las estaciones experimentales y de los centros regionales se enteraron de la partida de su propio personal cuando las resoluciones ya estaban firmadas en Buenos Aires. El trámite se gestionó bajo un estricto centralismo, puenteando de forma directa a las jefaturas locales hacia el INTA Central; este mecanismo impidió cualquier tipo de planificación interna o de alertas sobre áreas estratégicas que ahora quedan completamente vacías, comprometiendo seriamente la continuidad operativa de dependencias enteras en el territorio profundo.

“¿Era necesario? ¿Fue voluntario o fueron obligados por las circunstancias?”, se preguntaba un trabajador de la experimental, reflejando el sentir generalizado. “Hoy se escucha un silencio de esos que no dicen nada, pero a la vez quieren decir todo. Detrás del simulacro de ‘retiro voluntario’ hay muchas historias distintas, pero una certeza compartida: para la mayoría, esta no era la forma en que imaginaban cerrar su etapa en el INTA”.

Un plan de asfixia: Bajos salarios y falta de presupuesto

Desde el sindicato APINTA venimos denunciando de manera sistemática que el término “voluntario” es un eufemismo, la realidad es que los trabajadores fueron empujados al éxodo por una política deliberada de asfixia presupuestaria y salarios de miseria.

A nivel nacional, el INTA cuenta actualmente con unos 5.700 empleados bajo convenio, alrededor de mil menos que al inicio de la gestión actual. La pérdida de un trabajador por día desde fines de 2023 se traduce en camionetas paradas por falta de combustible, imposibilidad de renovar equipamiento básico de laboratorio y profesionales que deben buscar empleos adicionales para poder subsistir.

Nuestro compañero Leandro Cambareri, secretario adjunto de APINTA nacional, fue contundente al respecto cuando manifestaba: “Hay una inducción para que los trabajadores se terminen yendo. El organismo va a perder capacidades que ha desarrollado durante muchos años, provocando un vaciamiento territorial y alejando al INTA de las agencias que están cerca del sector agropecuario”.

La situación en El Colorado replica el drama que se vive en otras latitudes como Balcarce o la Patagonia, donde las distancias geográficas vuelven criminales el recorte de personal especializado.

La urgencia de la ciencia y la técnica para el desarrollo nacional

El desmantelamiento de la ciencia pública no es un ahorro, es un retroceso histórico. El INTA no es una carga para el erario; es el motor que dinamiza las economías regionales, garantiza la seguridad alimentaria y aporta soberanía tecnológica frente a los desafíos climáticos y de mercado.

Desde la conducción de APINTA El Colorado ratificamos que la respuesta ante este escenario será la organización y la visibilización del conflicto:

·        Pérdida de soberanía: La destrucción del conocimiento público deja el desarrollo tecnológico exclusivamente en manos de sectores concentrados.

·        Resistencia desde adentro: Los trabajadores que permanecen en la institución manifestaron su compromiso de «seguir remando en este mar de lodo» para sostener la excelencia del organismo, a pesar del desprecio gubernamental.

·        La salida es política: Los gremios advierten que la resistencia sindical es clave, pero se necesita una redefinición del modelo de país que vuelva a apostar por la investigación y la extensión rural.

“Nos duele ver partir a tantas compañeras y compañeros, pero nos queda la enorme satisfacción de haber construido colectivamente. Más allá de los gobiernos de turno y de quienes hoy intentan desmantelarlo, el INTA sigue siendo la gente que lo hizo grande”, concluye uno de los emotivos mensajes que circularon en la despedida de los once trabajadores en Formosa.

Hoy, las chacras de Formosa y Chaco están un poco más solas. La ciencia argentina tiene, en parte del territorio de Chaco y Formosa, once  cerebros menos en el territorio, y el futuro del desarrollo rural pende de un hilo sostenido únicamente por el orgullo y la resiliencia de quienes decidieron quedarse a resistir el ajuste.

Por Gerardo Roberto Martínez (Secretario general APINTA El Colorado)

General José de San Martín, 14 de junio de 2026

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