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La reacción de Nicolás Maduro ante el intento de desplazarlo «Aquí no se rinde nadie»

En una jornada marcada por movilizaciones en contra y a favor suyo el presidente venezolano habló ante una multitud. Le apuntó a Estados Unidos y anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas con Washington. Además, les pidió al resto de los países «no entrometerse en los asuntos internos» venezolanos.

«He decidido romper relaciones diplomáticas y políticas con el gobierno imperialista de los Estados Unidos», anunció el presidente bolivariano Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores frente a una multitud de seguidores en un día cruzado por las movilizaciones a favor y en contra del Gobierno, que fue aprovechado por el opositor Juan Guaidó para proclamarse «presidente encargado» en consonancia con la Casa Blanca y los países integrantes del Grupo Lima que salieron simultáneamente a respaldarlo, entre ellos, el presidente Mauricio Macri. «¡Ni golpismo ni intervencionismo en Venezuela!», exclamó Maduro al volver a denunciar a la Casa Blanca de dar un «golpe de Estado» y repetir el intento de 2002 contra Hugo Chávez. El presidente venezolano solicitó el respaldo de la ciudadanía y las Fuerzas Armadas para sostener su mandato y exigió al resto de los países «no entrometerse en los asuntos internos». Además, dejó abierta la posibilidad de que el Poder Judicial avance sobre la proclamación de Guaidó.

Ante las miles de personas que se reunieron frente al balcón del Palacio Miraflores, Maduro firmó la nota diplomática en la que ordena los diplomáticos norteamericanos a retirarse del país en 72 horas para sellar la ruptura de las relaciones. «El Gobierno imperialista de Estados Unidos dirige una operación para imponer, a través de un golpe de Estado, un gobierno títere a sus intereses», denunció presidente bolivariano que calificó la estrategia internacional para reconocer al diputado de Voluntad Popular como «presidente encargado» como una «insensatez» y «una gravísima irresponsabilidad de la política extremista de Donald Trump para dividir a Venezuela tratar de destruir sus vías democráticas».

«¡Fuera! Se van de Venezuela. Basta de intervencionismo. Aquí hay dignidad, aquí hay pueblo dispuesto a defender esta tierra», arengó Maduro y reivindicó las elecciones del 20 de mayo de 2018 —»solo el pueblo pone, solo el pueblo quita»— en la que fue reelegido como presidente, que son desconocidas por la comunidad internacional alineada a Estados Unidos por la negativa de la oposición de participar y la ausencia de organismos internacionales de control. «Dicen que soy un dictador», apuntó Maduro y les respondió a sus detractores: «Yo no me formé en la Escuela de las Américas, donde prepararon a los dictadores. Me formé a los barrios de Caracas, en las asambleas de trabajadores, en la asamblea constituyente.»

En un largo discurso, Maduro evocó repetidas veces a «la paz», «al pueblo venezolano» y también se apoyó en el respaldo de las Fuerzas Armadas. «Calma, cordura, nervios de acero y máxima movilización permanente. No a la guarimba, no a la violencia, no al golpismo», convocó el presidente bolivariano frente a lo que denunció como un «golpe de Estado». En ese tono, el mandatario recordó el golpe de 2002, cuando el entonces presidente Hugo Chávez fue derrocado y secuestrado y, durante 47 horas, el titular de la mayor cámara empresaria del país Pedro Carmona se autoproclamó presidente.

«¿Que hizo el pueblo? ¿Retorcedió? ¿Se rindió? ¿Traicionó a Chávez?», lanzó Maduro preguntas a la multitud, que le respondió a cada una de ellas con un «¡No!». «A cada Carmonazo le llega su pueblazo», sentenció el presidente bolivariano para reivindicar la «unión cívico-militar», a la que minutos antes había convocado con otra seguidilla de arengas: «¡Aquí no se rinde nadie! ¡Aquí vamos a la carga! ¡Aquí vamos al combate! ¡Aquí vamos a la victoria de la paz!»

Cerca del cierre de su discurso se dirigió a la «derechas oligárquica, golpista» venezolana y apuntó, particularmente, a contra la derecha colombiana, ahora en el gobierno con el presidente Iván Duque. Colombia fue el único país del Grupo de Lima —conformado a mediados de 2017 para respaldar a la oposición chavista— que Maduro mencionó en su discurso, a pesar de que los mismos países que desconocieron la asunción de Maduro a inicios de enero, salieron esta tarde simultáneamente a reconocer a Guaidó como «presidente encargado», en línea a lo actuado por la Casa Blanca. «Los gringos no tienen amigos, no conocen de lealtad», les dedicó Maduro a los aliados de la derecha latinoamericana y sostuvo: «Los gringos tienen intereses por el petróleo, el gas y el oro venezolano. Esas riquezas no son de ustedes, son del pueblo soberano de Venezuela y así van a ser para ahora y para siempre».

Respecto de la proclamación de Guaidó, el mandatario bolivariano la minimizó sin apuntar particularmente sobre el diputado de Voluntad Popular y presidente de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, y señaló que, en todo caso, «será tarea de la Justicia». Precisamente, el pasado 10 de enero, Maduro tuvo que asumir su nuevo cargo presidencial ante el Tribunal Supremo de Justicia por no ser reconocido por la Asamblea en manos de la oposición, el mismo Parlamento que el Gobierno y el máximo tribunal también desconocen desde 2016.

Frente a la ola de reconocimientos que recibió Guaidó por parte de la Casa Blanca, la Organización de Estados Americanos (OEA) y los países alineados en el Grupo de Lima, entre ellos Argentina, Maduro recibió el rápido respaldo de México y Bolivia; y desde el balcón de Miraflores hizo una particular mención al llamado del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. También salió a respaldarlo el ruso Vladimir Putin.

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